jueves, 7 de mayo de 2026

AGUA, SEMILLAS, TIERRAS Y ALIMENTOS PARA LOS PUEBLOS Y NO PARA LAS CORPORACIONES

Con ocasión de realizar la XIX feria nacional de semillas criollas y nativas, el MOVIAC declara la necesidad imperativa de transitar hacia la soberanía alimentaria, al acceso universal de alimentos saludables y culturalmente apropiados, producidos agroecológicamente a través de métodos socialmente justos y ecológicamente sustentables.

De acuerdo con el informe SOFI 2025 de las Naciones Unidas en El Salvador existen 2.9 millones de personas con inseguridad alimentaria, con dificultades para cubrir la canasta alimentaria básica (22 productos) y considerada una de las de mayor costo en Centroamérica, si la comparamos con Panamá, su canasta alimentaria posee más de 70 productos; está situación afecta a las familias empobrecidas, quienes tienen que hacer concesiones más drásticas en relación a la calidad, cantidad o frecuencia de los alimentos que consumen.

Este problema se origina ante la falta de implementación de políticas públicas y el abandono del sector rural, sin incentivos para la producción campesina familiar, y por otro lado se fomenta un modelo productivo basado en la siembra de monocultivos como la caña de azúcar, que demanda una alta cantidad de agrotóxicos, semillas importadas, fertilizantes sintéticos de alto valor económico, que han ocasionado a largo plazo una mayor vulneración en la producción agrícola de nuestro país. Al grado que tenemos suelos degradados que no producen, fuentes de agua contaminadas con glifosato, que según la OMS tiene compuestos con alto potencial cancerígenos, personas expuestas a la contaminación, pobreza y el abandono de los jóvenes del campo por no encontrar oportunidades de vida en la zona rural, ocasionando perdidas en las labores agrícolas y mayor desalojo de las zonas rurales.

La seguridad alimentaria del país se basa en la importación de alimentos, de Guatemala vienen nueve de cada diez frutas y verduras y el 40 % de los granos básicos provienen del extranjero. El frijol, es el producto con mayor incremento, su precio por libra pasó de $0.75 en junio de 2019 a $1.22 en junio de 2025, un alza del 64 %.  Nicaragua se consolida como el principal proveedor de lácteos, de enero a agosto, El Salvador le compró unos $108 millones en queso y requesón, lo que representó el 68.4% del total de las importaciones de este producto durante ese período. El Gobierno en esta línea ha instalado 56 agromercados y una central de abasto, puntos donde la población puede adquirir productos alimenticios a precios más bajos; su logística y abastecimiento representa al menos $50 millones de fondos públicos, lo cual lo hace insostenible en el tiempo. Esta situación nos coloca en un estado muy vulnerable a la inseguridad alimentaria, ya que con el incremento del cambio climático, los países de la región han visto reducida su producción año tras año, por lo que llegará un momento en que se reducirá o no habrá productos para la exportación, y se priorizará en su población, lo que llevará a buscar mercados más lejanos y de mayor costo económico.

Otro problema es que se desconoce las prácticas de manejo de los productos que se importan, generalmente estos son producidos con grandes cantidades de agrotóxicos, incidiendo en enfermedades crónicas como la IRC (Insuficiencia Renal Crónica), de acuerdo con el MINSAL, hasta el 2023 las cifras son de 52,012 personas con esa enfermedad, 1609 con diálisis peritoneal y 1773 con hemodiálisis, (59% hombres y 41% mujeres. El sistema de salud no está preparado y no se controlan las causas que originan esta pandemia, ya que diversos estudios la relacionan con el uso de agroquímicos en la agricultura. Además, hay un incremento en enfermedades como diabetes, hipertensión, y obesidad, que están estrechamente relacionadas con el tipo de alimentos que consume la población.

En conclusión, tenemos un modelo de producción agrícola que provoca una degradación sostenida de suelos y fuentes de agua debido al uso intensivo de agroquímicos. Acompañada de incentivos económicos, marcos políticos favorables a la agroindustria, orientación estatal hacia mercados internacionales, facilitando y consolidando grandes plantaciones de monocultivos como la caña de azúcar. Por tanto, es primordial que los pueblos ejerzan su derecho colectivo a definir sus propias políticas y a sistemas de producción, distribución y consumo de alimentos, con una economía que garantice a vivir una vida digna.  En ese marco MOVIAC propone:

Fortalecer las acciones en torno a la Soberanía alimentaria como un aspecto determinante para cambiar el sistema

La soberanía alimentaria es un camino hacia la transformación fundamental de nuestro sistema alimentario y de nuestras sociedades y representa principios tales como: El derecho humano a la alimentación y la justicia por sobre la privatización, el libre mercado, las ganancias y el individualismo.

La soberanía alimentaria significa defender los derechos de los pueblos, la tierra, los territorios, las semillas y la biodiversidad, promover la agroecología y luchar contra el modelo del agronegocio y las políticas neoliberales de comercio e inversiones. Se asienta en la producción y distribución campesina, familiar, indígena, artesanal y cooperativa, tanto en las ciudades como en las zonas rurales.

Reconoce y promueve el papel central de las mujeres en la producción de alimentos y como sujetos políticos; el derecho de las trabajadoras y productoras a pequeña escala a gozar de condiciones de vida y trabajo dignas y a recibir remuneraciones justas. Las/os campesinas/os, agricultoras/es familiares, Pueblos Indígenas, pueblos pescadores y comunidades que habitan los bosques siguen siendo las principales productoras de alimentos, y proporcionan entre el 70% y 80% de lo que el mundo consume, pero sus necesidades son permanentemente ignoradas por las políticas públicas y los mercados.

Acabar con el poder de las corporaciones del agronegocio

Décadas de control empresarial y promoción sin control de libre mercado han dejado al sistema alimentario en crisis, a nivel mundial hay dos mil millones de personas con hambre o malnutridas, a pesar de los niveles de producción sin precedentes; un tercio de los alimentos que se producen se pierden o desechan; y más de un tercio de la población adulta tiene sobrepeso u obesidad. La amplia mayoría de las poblaciones rurales son empujadas a la pobreza extrema, son discriminadas y se violan sus derechos humanos, y en particular sufren desplazamientos, desalojos forzados y expropiaciones de tierras.  La mayoría de las/os trabajadoras/es asalariadas/os, independientes y familiares en el sector agrícola y rural son informales, lo que afecta negativamente sus condiciones de trabajo, ingresos y protección social, tal como ha quedado demostrado en la pandemia de la Covid-19. Estas realidades ponen al descubierto los enormes desequilibrios de poder que existen en el sistema alimentario.

El agronegocio acapara tierras y territorios, destruye los suelos y los bosques, mata los peces, contamina los ríos, océanos y el aire, envenena a las comunidades y mercantiliza los bienes naturales y alimentos esenciales, a la vez que obtiene miles de millones en ganancias. Los pueblos que oponen resistencia sufren cada vez más amenazas y son criminalizados y algunos hasta asesinados.

Fortalecer el movimiento por la soberanía alimentaria

Somos parte de un movimiento nacional e internacional fuerte y cada vez más numeroso liderado por productoras/es familiares, indígenas y artesana/os, y trabajadoras/es campesinas/os, productoras urbanas, etc. que creemos que es posible alimentar al mundo, superar las crisis del hambre, del clima, y de la biodiversidad, y construir sociedades basadas en la justicia y la solidaridad, mediante el uso de prácticas agroecológicas para la soberanía alimentaria.

El Movimiento de Victimas de Afectados y Afectadas por el Cambio Climático y las Corporaciones (MOVIAC), busca lo siguiente:

Cambiar el sistema alimentario globalizado e industrializado liderado por las empresas, que socava los derechos sociales, económicos, culturales y ambientales de los pueblos y sus medios de vida, al tiempo que daña el ambiente y agrava la crisis climática y de biodiversidad. En su lugar, continuaremos construyendo la soberanía alimentaria y la agroecología, reforzando el derecho a la alimentación a través de sistemas alimentarios locales como demanda central.

Reafirmamos nuestro compromiso colectivo con los seis pilares de la soberanía alimentaria: 1) Alimentos para todas y todos, 2) Reconocimiento del rol clave de los/as proveedores/as de alimentos; 3) Sistemas alimentarios locales; 4) Control local de los sistemas alimentarios; 5) Desarrollo de conocimientos y habilidades; y 6) Trabajo en armonía con la naturaleza. Estos pilares son compromisos vivos que nuestros movimientos han promovido y seguirán profundizando a través de acciones concretas y colectivas.

Fortalecer la agroecología como una vía fundamental hacia la soberanía alimentaria, entendiéndola no solo como una práctica y una ciencia, sino también y especialmente como un movimiento social y una forma de vida, que teje la identidad colectiva de los pueblos entre el campesinado, los pueblos indígenas, comunidades de pesca artesanal, de pastoreo y los consumidores de todo el mundo. A través de la agroecología, fomentaremos los intercambios y el aprendizaje mutuo entre diversas experiencias y sistemas de conocimiento.

Trabajar en alianza con otros movimientos y organizaciones para fortalecer la autonomía y expandir la agroecología a todos los sistemas locales, en los que las comunidades y los pueblos puedan producir alimentos culturalmente apropiados y conectarse con los consumidores a través de mercados territoriales. De esta forma, promoveremos economías sociales y solidarias que aumenten la autosuficiencia y la resiliencia y fomenten vínculos más profundos entre lo urbano y lo rural basados en la solidaridad, el cuidado mutuo y la cooperación.

El papel central y la responsabilidad del Estado para la implementación de la agroecología es fundamental, donde se incluyan políticas públicas que fortalezcan sistemas agroecológicos y que brindan solución a las múltiples crisis y movilicen recursos para su implementación a nivel nacional,

Financiación pública para impulsar la producción agroecológica y la investigación dirigida por los campesinos/as, en lugar de prácticas impulsadas por las empresas y etiquetadas como «agricultura climáticamente inteligente».

Es necesario garantizar la pesca sostenible a pequeña escala, los medios de vida de las comunidades pesqueras incluidas las mujeres pescadoras, las recolectoras de mariscos, las recolectoras de moluscos y las practicantes de la acuicultura tradicional, reconociéndolas como esenciales para el logro de la soberanía alimentaria.

Finalmente, unimos fuerzas para transitar hacia sistemas alimentarios justos, sostenibles y soberanos, donde pueblos, naturaleza y comunidades prosperen en armonía y libres de la dominación corporativa.

 

¡Construyamos juntas y juntos esta transformación!

 

San Salvador, 8 de mayo de 2026.